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Lo normal es dar el pecho...

CARLOS GONZALEZ HABLA SOBRE LA LACTANCIA MATERNA... IMPERDIBLE.



Declaracion sobre el llanto de los bebes



Hombres y mujeres, científicas y profesionales que trabajamos en distintos campos de la vida y del conocimiento, madres y padres preocupados por el mundo en el que nuestros hijos e hijas van a crecer, hemos creído necesario hacer la siguiente declaración:



Es cierto que es frecuente que los bebés de nuestra sociedad Occidental lloren, pero no es cierto que sea normal. Los bebés lloran siempre por algo que les produce malestar: sueño, miedo, hambre o, lo más frecuente y que suele ser causa de los anteriores, la falta del contacto físico con su madre u otras personas del entorno afectivo. 
El llanto es el único mecanismo que los bebés tienen para hacernos llegar su sensación de malestar, sea cual sea la razón del mismo; en sus expectativas, en su continuum filogenético no está previsto que ese llanto no sea atendido, pues no tienen otro medio de avisar sobre el malestar que sienten ni pueden por sí mismos tomar las medidas para solventarlo.



El cuerpo del bebé recién nacido está diseñado para tener en el regazo materno todo cuanto necesita, para sobrevivir y para sentirse bien: alimento, calor, apego. Por esta razón, no tiene noción de la espera, ya que estando en el lugar que le corresponde, tiene a su alcance todo cuanto necesita. El bebé criado en el cuerpo a cuerpo con la madre desconoce la sensación de necesidad, de hambre, de frío, de soledad, y no llora nunca. Como dice la norteamericana Jean Liedloff, en su obra "El Concepto del Continuum", el lugar del bebé no es la cuna ni la sillita ni el cochecito, sino el regazo humano. Esto es cierto durante el primer año de vida y los dos primeros meses de forma casi exclusiva (de ahí la antigua famosa cuarentena de las recién paridas). Más tarde, los regazos de otros cuerpos del entorno pueden ser sustitutivos durante algún rato. El propio desarrollo del bebé indica el fin del periodo simbiótico: cuando se termina la osificación y el bebé empieza a andar. Entonces, empieza poco a poco a hacerse autónomo y a deshacerse el estado simbiótico.



La verdad es obvia, sencilla y evidente.



El bebé lactante toma la leche idónea para su sistema digestivo y además puede regular su composición con la duración de las tetadas, con lo cual el bebé criado en el regazo de la madre no suele tener problemas digestivos.



Cuando la criatura llora y no se le atiende, llora con más y más desesperación porque está sufriendo. Hay psicólogos que aseguran que cuando se deja sin atender el llanto de un bebé más de tres minutos, algo profundo se quiebra en la integridad de la criatura, así como la confianza en su entorno.



Los padres, que hemos sido educado en la creencia de que es normal que los niños lloren y de que hay que dejarles llorar para que se acostumbren y que, por ello, estamos especialmente insensibilizados para que su llanto no nos afecte, a veces no somos capaces de tolerarlo. Como es natural si estamos un poco cerca de ellos, sentimos su sufrimiento y lo sentimos como un sufrimiento propio. Se nos revuelven las entrañas y no podemos consentir su dolor. No estamos del todo deshumanizados. Por eso, los métodos conductistas proponen ir poco a poco, para cada día aguantar un poquito más ese sufrimiento mutuo. Esto tiene un nombre común, que es la administración de la tortura, pues es una verdadera tortura la que infligimos a los bebés, y a nosotros mismos, por mucho que se disfrace de norma pedagógica o pediátrica.



Varios científicos estadounidenses y canadiense (biólogos, neurólogos, psiquiatras, etc.), en la década de los noventa, realizaron diferentes investigaciones de gran importancia en relación a la etapa primal de la vida humana. Demostraron que el roce piel con piel, cuerpo a cuerpo, del bebé con su madre y demás allegados produce unos moduladores químicos necesarios para la formación de las neuronas y del sistema inmunológico. En definitiva, que la carencia de afecto corporal trastorna el desarrollo normal de las criaturas humanas. Por eso los bebés, cuando se les deja dormir solos en sus cunas, lloran reclamando lo que su naturaleza sabe que les pertenece.



En Occidente se ha creado en los últimos 50 años una cultura y unos hábitos, impulsados por las multinacionales del sector, que elimina este cuerpo a cuerpo de la madre con la criatura y deshumaniza la crianza. Al sustituir la piel por el plástico y la leche humana por la leche artificial, se separa más y más a la criatura de su madre. Incluso se han fabricado intercomunicadores para escuchar al bebé desde habitaciones alejadas de la suya. El desarrollo industrial y tecnológico no se ha puesto al servicio de las pequeñas criaturas humanas, llegando la robotización de las funciones maternas a extremos insospechados.



Simultáneamente a esta cultura de la crianza de los bebés, la maternidad de las mujeres se medicaliza cada vez más; lo que tendría que ser una etapa gozosa de nuestra vida sexual, se convierte en una penosa enfermedad. Entregadas a los protocolos médicos, las mujeres adormecemos la sensibilidad y el contacto con nuestros cuerpos, y nos perdemos una parte de nuestra sexualidad: el placer de la gestación, del parto y de la exterogestación, lactancia incluida. Paralelamente las mujeres hemos accedido a un mundo laboral y profesional masculino, hecho por los hombres y para los hombres, y que por tanto excluye la maternidad; por eso la maternidad en la sociedad industrializada ha quedado encerrada en el ámbito privado y doméstico. Sin embargo, durante milenios la mujer ha realizado sus tareas y sus actividades con sus criaturas colgadas de sus cuerpos, como todavía sucede en las sociedades no occidentalizadas. La imagen de la mujer con su criatura tiene que volver a los escenarios públicos, laborales y profesionales, so pena de destruir el futuro del desarrollo humano.



A corto plazo parece que el modelo de crianza robotizado no es dañino, que no pasa nada, que las criaturas sobreviven; pero científicos como Michel Odent (1999 y www.primal-health.org), apoyándose en diversos estudios epidemiológicos, han demostrado una relación directa entre diferentes aspectos de esta robotización y las enfermedades que sobrevienen en la edad adulta. Por otro lado, la violencia creciente en todos los ámbitos tanto públicos como privados, como han demostrado los estudios de la psicóloga suizo-alemana Alice Miller (1980) y del neurofisiólogo estadounidense James W. Prescott (1975), por citar sólo dos nombres, también procede del maltrato y de la falta de placer corporal en la primera etapa de la vida humana. También hay estudios que demuestran la correlación entre la adicción a las drogas y los trastornos mentales, con agresiones y abandonos sufridos en la etapa primal. Por eso, los bebés lloran cuando les falta lo que se les quita; ellos saben lo que necesitan, lo que les correspondería en ese momento de sus vidas.



Deberíamos sentir un profundo respeto y reconocimiento hacia el llanto de los bebés, y pensar humildemente que no lloran porque sí, o mucho menos, porque son malos. Ellas y ellos nos enseñan lo que estamos haciendo mal.



También deberíamos reconocer lo que sentimos en nuestras entrañas cuando un bebé llora; porque pueden confundir la mente, pero es más difícil confundir la percepción visceral. El sitio del bebé es nuestro regazo; en esta cuestión, el bebé y nuestras entrañas están de acuerdo, y ambos tienen sus razones.



No es cierto que el colecho (la práctica de que los bebés duerman con sus padres) sea un factor de riesgo para el fenómeno conocido como muerte súbita. Según The Foundation for the Study of Infant Deaths, la mayoría de los fallecimientos por muerte súbita se producen en la cuna. Estadísticamente, por lo tanto, es más seguro para el bebé dormir en la cama con sus padres que dormir solo (Angel Alvarez www.primal.es).



Por todo lo que hemos expuesto, queremos expresar nuestra gran preocupación ante la difusión del método propuesto por el neurólogo E. Estivill en su libro "Duérmete Niño" (basado a su vez en el método Ferber divulgado en Estados Unidos), para fomentar y ejercitar la tolerancia de los padres al llanto de sus bebés. Se trata de un conductismo especialmente radical y nocivo teniendo en cuenta que el bebé está aún en una etapa de formación. No es un método para tratar los trastornos del sueño, como a veces se presenta, sino para someter la vida humana en su más temprana edad. Las gravísimas consecuencias de este método, han empezado ya a ponerse de manifiesto.



Necesitamos una cultura y una ciencia para una crianza acorde con nuestra naturaleza humana, porque no somos robots, sino seres humanos que sentimos y nos estremecemos cuando nos falta el cuerpo a cuerpo con nuestros mayores. Para contribuir a ello, para que tu hijo o tu hija deje de sufrir YA, y si te sientes mal cuando escuchas llorar a tu bebé, hazte caso; tómalo en brazos para sentirle y sentir lo que está pidiendo. Posiblemente sólo sea eso lo que quiere y necesita, el contacto con tu cuerpo. No se lo niegues.



Cuando un recién nacido aprende en una cuna que es inútil gritar... está sufriendo su primera experiencia de sumisión.  (Michel Odent)

Entrenando a mami para dormir...


Muchas veces me pregunte que  pensaría un bebé cuando la mamá lo quiere entrenar para dormir toda la noche, comparto este mensaje que leí hace tiempo.

Entrenar para dormir…


Ok, esta es la situación. Mi mami me tiene desde hace 7 meses. Los primeros meses fueron fabulosos, yo lloraba y ella me cargaba y me alimentaba, a cualquier hora, día o noche. Luego algo sucedió. Desde hace unas cuantas semanas, ella me ha estado tratando de entrenar para dormir toda la noche. Primero, creí que era solo una fase, pero cada vez se pone peor. He hablado con otros bebés y parece que es bastante común cuando las mamis nos han tenido mas o menos 6 meses.

Y así es la cosa: estas mamis realmente no necesitan dormir. Es solo un hábito. Muchas de ellas ya han tenido 30 años de dormir, así que ya no necesitan dormir más. Así que estoy implementado un plan, le llamo “el llanto inconstante”.
Va así: La noche uno, llora cada 3 horas hasta que te alimenten. Yo se que es duro, es duro ver a tu mami desconsolada con tu llanto. Solamente mantén este pensamiento: “es por su propio bien”

Noche dos: Llora cada dos horas hasta que tu mami te alimente
Noche tres: llora cada hora.

Casi todas la mamis empezaran a responder mas rápidamente después de 3 noches. Algunas mamis son mas alertas, y pueden resistirse al cambio por mas tiempo. Estas mamis pueden parase en tu puerta por horas haciendo SHHH SHHH. No te rindas. No puedo hacer suficiente énfasis acerca de esto: LA CONSISTENCIA ES LA CLAVE!!!
Si la dejas dormir toda la noche solo una vez, ella esperara eso todas las noches. YO SE QUE ES DURO! Pero ella en realidad no necesita dormir, solo se está resistiendo al cambio.

Si tienes una mami especialmente alerta, puedes dejar de llorar por 10 minutos, solo lo suficiente para que ella se vuelva a dormir. Entonces vuelve a llorar. Eventualmente, funcionará. Mi mami una vez se quedo despierta por 10 horas, así que yo se que lo puede hacer.

Ayer, llore cada hora. Uno solo tiene que decidir continuar y no darse por vencido. SE CONSTANTE! Lloré por cualquier razón que se me ocurrió, mi bolsita para dormir me hacía cosquillas en el pie, sentía una arruga en la sábana. Mi móvil hacia una sombra sobre la pared, repetí y sabia a peras, yo no había comido peras desde el almuerzo, que raro no? El gato dijo miau. Ya debería saberlo. Mi mami me recuerda eso como 20 veces al día, jajaja. Una vez lloré solo porque me gustó como sonaba cuando hacía eco en el monitor en el otro cuarto. Demasiado calor, demasiado frío, no importa! Mantente llorando!!

Me tarde un poco, pero funciono. Me alimentó a las 4 a.m. Para mañana mi meta es a las 3:30 a.m. Necesitas ir acortando el intervalo entre las tomas para cambiar el reloj interno de tu mami.

PD: No dejes que esas cosas de plástico te engañen, no importa por cuanto tiempo los chupes, nunca les saldrá leche, créeme.

Los niños que duermen con sus padres tienen menos problemas


El pediatra Carlos González, defensor de la lactancia materna, recomienda la crianza natural de los hijos.

 Tener un hijo es una experiencia trascendente. Es como una semilla que se planta para garantizar el paso a la eternidad. Por eso es tan importante ser padres, más que el dinero o el trabajo, aunque muchas veces a los hijos no se les dedica el tiempo suficiente. 

Para el pediatra Carlos González, presidente de la Asociación Catalana Pro Lactancia Materna (ACPAM), es un grave error que Hay padres que colman a sus hijos de regalos para tapar su falta de atención, cuando lo que necesitan son más horas de padre y de madre.  González recomienda no hacer caso de los libros que dan consejos para criar a un niño porque lo mejor es dejarse llevar por el sentido común. Parece extraño que lo diga precisamente él, que acaba de publicar Entre tu pediatra y tú. Pero es lo que le dicta su experiencia como pediatra, pero también como padre de tres hijos, que ya comen y ya duermen. Carlos González nació en Zaragoza en 1960.


¿Cómo criar bien a un niño? 
Compartiendo el mayor tiempo con él.
Pero hay muchos padres que tienen que trabajar.
Sí, pero en el fondo todo el mundo se puede permitir cuidar de sus hijos. Mis padres lo hicieron conmigo. Es cuestión de prioridades.
¿De qué prioridades?
Si quieres poseer muchas cosas materiales o estar más tiempo con ellos. A veces el nivel de vida no depende tanto del dinero que ganas sino de vivir cómo quieres y hacer lo que quieras.Sus padres lo educaron así. Preferían estar conmigo antes que trabajar, aunque no íbamos de vacaciones ni teníamos coche. Yo he seguido el mismo ejemplo. Cuando nacieron mis tres hijos dejé de trabajar y me dediqué a escribir desde casa, porque ¿hay algo más gratificante que ser padre?No lo he podido comprobar. Hombre, si eres ministro, premio Nobel o cirujano salvavidas, podría ser que fuera más gratificante, pero si eres un pediatra del montón, un paleta o trabajas en un supermercado, lo que más te gratificará serán tus hijos.
¿Por qué tener hijos es tan trascendente? 
Dentro de unas décadas lo único que quedará de nosotros será nuestra descendencia. Lo leí en la calle cuando era adolescente, en una pintada en la pared que decía: "Hay que considerar la posibilidad de que la inmortalidad esté en los hijos".Nunca me lo había planteado. Cómo sean y cómo vivan dependerá de nosotros.
¿Qué significa criar a un niño de forma natural?
Lo normal en la especie humana es hacer caso de nuestro bebé: cuando llora, cogerlo en brazos; si se despierta, consolarlo… 
Eso de ponerlo a dormir en una habitación aparte y no acostumbrarlo a los brazos se ha inventado recientemente.
¿Y si no quiere dormir solo?
Sobre todo no hay que dejarlo llorar. Es igual que si llegáramos a casa y nos encontráramos a nuestra esposa sollozando, ¿no sería normal preguntarle qué le ocurre? ¿Y si es mi hijo, voy a pasar de largo y ponerme a leer un libro? ¡Pues claro que me voy a preocupar!
¿Qué tiene que hacer un padre si su hijo llora por la noche?
 Pues, hacer caso a su hijo, porque, sino, o bien no le dejarán dormir sus llantos o bien sus remordimientos, que durarán mucho más que los lloros. Y yo no quiero vivir con el recuerdo de que "mi hijo me llamaba y yo no fui".
¿También lo podemos meter en nuestra cama?
Claro que sí. Normalmente es lo más cómodo, aunque hay quien se empeña en levantarse seis veces cada noche para consolar a su hijo, pero no estoy dispuesto a hacer ese sacrificio cuando todo se resuelve metiéndotelo en la cama. Yo dormí con mis padres, y mis padres con sus abuelos. La mayoría de la gente también lo ha hecho, pero le cuesta salir del armario porque está mal visto. Dijo Gabriel Mistral que "es amargo todo hombre que nunca haya dormido en el regazo de su madre".Pero no hay ningún estudio científico que lo corrobore. El prejuicio es pensar que los niños que duermen con sus progenitores son más dependientes. Pero, según algunos estudios, los que pernoctan en la cama de sus padres tienen menos problemas de salud mental.Vaya. Los padres suelen imponer a sus hijos normas absurdas que hacen sufrir a sus hijos y a ellos mismos. Por ejemplo, no cogerlos en brazos a menudo o dejarlos llorar cuando los ponen a dormir solos.
Entonces, ¿qué normas hay que seguir? 
Las que quieran los padres, las que les resulten más cómodas de llevar a la práctica. Estoy convencido de que no se necesitan libros para criar a un niño.
Y lo dice usted que es escritor, además de pediatra.
Sí, me di cuenta de que muchos padres o bien se sentían preocupados por no poder poner en práctica los consejos que leían en libros o bien se les partía el corazón cuando los aplicaban.
¿Los padres se preocupan a veces demasiado por sus hijos?
En cierto modo sí. Y pienso que es consecuencia de que la mayoría de la gente tiene menos hijos que antes y se preocupa por cosas absurdas. Una madre me llegó a decir que qué podía hacer si a su bebé no le gustaba el calabacín. Pero, ¡si muchos padres con siete hijos ni se cuestionan si estos se alimenten a base de hamburguesas y patatas fritas!¡Qué diferencia! 
Hoy en día el 80% de las madres son novatas porque no llegan a tener más de un hijo.Y aún así no consiguen educarlos como quieren. En España los niños empiezan a ir a la guardería a los cuatro meses de vida, cuando en países como Alemania sólo van un 6%, y en Finlandia la escuela normal no empieza hasta los siete años. Por no hablar de los padres que dejan al niño una hora antes de empezar las clases y los recogen una hora después de terminarlas.Tienen que ir a trabajar. Sí, y como muchos se sienten mal, intentan compensarlo dándoles todo su afecto y cariño cuando están con ellos. Pero hay otros padres que, como les han dicho que coger a un niño en brazos o hacerle demasiadas caricias es malcriarlo, optan por comprarles juguetes, aparatos electrónicos y llevarlos de vacaciones, con lo cual necesitan trabajar más y, por tanto, estar menos con sus hijos.Es un pez que se muerde la cola. A veces sustituimos las cosas realmente importantes, como el contacto, el cariño y el afecto, por cosas materiales. Da pena escuchar a padres con niños adolescentes problemáticos decir "ay, con las horas que he trabajado para que no le faltara de nada", pero a lo mejor lo que necesitaba ese niño eran más horas de padre y de madre.Incluso, hay niños que no quieren comer mientras sus madres trabajan. Sí, este fenómeno es frecuente en niños de cuatro o seis meses de edad. Es una conducta que se observa sobre todo en bebés que toman el pecho. 
La mayoría de los niños, si fuera por ellos, estarían mamando hasta los dos o cuatro años.
¿La solución es conciliar mejor vida laboral y familiar?
Efectivamente, tenemos una de las tasas de natalidad más bajas de Europa. Otros países como Suecia tienen dos años de baja por maternidad o reducción de jornada con sueldo entero. Pero en España las ayudas cuando tienes un hijo son una auténtica vergüenza.Lo más importante para criar a un bebé es… No decirle muchas veces te quiero, porque no lo entiende, hay que demostrárselo: abrázale, bésale mucho y hazle sentir que estarías dispuesto a todo por él. 



LaS FiEsTas De FiN De AñO.


Perdidos en el consumo de bienes materiales, olvidamos que estamos recordando el nacimiento del Niño Jesús y el mensaje de amor que traía consigo. Habitualmente estamos abocados a saber quién regaló qué cosas, quien se olvidó, quien cumplió con todos y si nuestra familia ha sido justa en la repartición de los obsequios. También comemos con exageración. Brindamos y bebemos más que de costumbre. Y a la cama. Si ésa ha sido la realidad durante los últimos años de festejos familiares, quizás podamos hacer pequeños movimientos que nos satisfagan más y que llenen de sentido esas noches tan especiales. Tal vez podamos volver a cierta intimidad, reunirnos con pocas personas y regalar a cada uno un escrito colmado de agradecimientos. Y para los niños, algo fuera de lo común, soñado, imaginado y en lo posible no muy caro. Los niños tienen derecho a recibir una hermosa carta escrita por Papá Noel felicitándolos por sus virtudes, firmada con letra dorada. Alguien puede regalar un breve concierto de piano o una pieza tocada en flauta dulce. Podemos abrir los álbumes de familia y mirar fotos viejas durante horas, mientras los niños descubren a sus abuelos con cabello, a sus padres siendo niños y a novios y novias que quedaron en el olvido. Sería emocionante ofrecer a los comensales dos minutos de tiempo para pedir un deseo en voz alta, comprometiéndonos a intervenir para que se haga realidad. Y desde ya, podemos hacer silencio. Pensar. Meditar. Rezar. Ponernos las manos en el corazón. Darnos cuenta que estamos juntos. Contarles a los niños algo relativo al nacimiento de cada uno de ellos. En fin, cualquier gesto amoroso, cargado de ilusión y respeto, que nos recuerde por qué estamos juntos, es perfecto para un verdadero día de fiesta compartida.


¿Y si hay familiares que no están dispuestos a modificar las rutinas repetidas en años anteriores? No pasa nada. Pero hay algo que sí podemos hacer: revisar si el modo en que históricamente hemos celebrado, ahora encaja con nuestra realidad. Por ejemplo, evaluemos si con bebes muy pequeños, vale la pena estar lejos de casa hasta altas horas de la madrugada, o si es saludable someter a los bebes, a ruidos y música inadecuados. Observemos si nuestros niños se sienten cómodos entre familiares que ven una sola vez por año. Registremos si estamos arrastrando a nuestros cónyuges a circuitos donde no son bienvenidos o se sienten incómodos. Examinemos si nuestro deseo está alineado, o bien si seguimos mandatos obsoletos como por ejemplo asistir a la casa de tal rama de la familia, porque siempre ha sido así y nunca nadie lo ha cuestionado. En cualquier caso, evaluemos si hemos organizado los festejos de fin de año de acuerdo a nuestra realidad familiar o en cambio, en base a los mandatos establecidos.


Sin ninguna duda -si hemos extraviado el sentido profundo de estas reuniones- los niños no tardarán en manifestar sus incomodidades a través de enfermedades, llantos o simplemente portándose muy mal. Si ése fuera el caso, en lugar de castigarlos, examinemos si hemos arrastrado a toda nuestra familia a un sitio absurdo, justo cuando era momento de encontrarnos con nosotros mismos.

Laura Gutman

“CriAr uN HiJo ExIGe MaS CaRiÑo y MeNOS iNsTrUCcIoNeS"





Los niños no nacen con instrucciones ni falta que hace.

Así lo defiende Carlos González, uno de los pediatras que más consultas recibe sobre el cuidado de los hijos, 5.000 nada menos.

Su secreto reside en aplicar el sentido común y su estrategia no es otra que amar al niño por encima del agotamiento, del estrés y de la desesperación.

Como padre de tres hijos sabe lo que es no dormir por la noche durante meses y lo incompatible que resulta en este país conciliar la vida laboral y la familiar.

Recalca que los niños no lloran por molestar sino porque lo pasan mal y lo que quieren es estar con sus padres, sobre todo con la madre. Defensor de la la lactancia materna, no comulga con la idea de que los niños pasen muchas horas en la guardería, salvo cuando sea estrictamente necesario e invita a reflexionar sobre seguir el modelo de muchos países nórdicos de un cuidador por cada tres o cuatro niños.

¿Qué se necesita para criar a un bebé de “forma natural”?
La crianza natural engloba acciones como responder al llanto del niño, hacerle caso, procurar estar con él sin miedo a que se malcríe, etc. Y, por otra parte, aunque normalmente incluye la lactancia materna, una madre que no da el pecho también puede criar a su hijo de forma natural.

¿La crianza natural es tan importante como la lactancia natural?
Es más importante porque a lo largo del siglo XX y finales del XIX se nos ha hecho muy difícil criar a nuestros hijos. Se han difundido toda una serie de normas acerca de que no hay que cogerlo en brazos porque se malcría, como que llorar es bueno para los pulmones, como que no hay que meterlo en la cama contigo porque no saldrá en la vida… hasta el punto de que criar a los niños es casi algo molesto.
Pero si no tienes a tu hijo para cogerle en brazos y contarle cuentos, para qué lo tienes.

Esa es la teoría del “malcriamiento” que critica en sus libros.
Sí, las personas deben comprender que malcriar es criar mal. Malcriar no es cogerle mucho en brazos, estar mucho con él o cantarle muchas canciones. Malcriar es no hacerle caso, abandonarle…

¿Pero usted cree que ahora se malcría a los niños, de acuerdo a la definición que acaba de exponer?
Hay de todo. Depende de la teorías que hayan seguido los padres y de las circunstancias socio económicas. Me refiero a aquello de que si no haces lo que piensas, acabarás pensando lo que haces; los padres que se ven más o menos obligados a dejar al niño muchas horas porque tienen que ir a trabajar para pagar la hipoteca acabarán pensando que eso es lo mejor para el niño porque en la guardería les estimulan mucho y les tratan muy bien.
Si pensasen que en la guardería hay muchos niños y no hay tiempo material para estimularles, se sentirían mucho peor.

¿Las propias condiciones de vida en las que nos movemos en la sociedad actual invitan a la malcrianza?
Sí, el problema es que se puede formar con facilidad un círculo vicioso, es decir si sabes que lo está ocurriendo está mal, aunque no quede más remedio que hacerlo, intentarás cambiarlo. Pero si llegas a creerte que está bien, ya te quedas así.

En Alemania sólo el 6% de los niños acuden a la guardería antes de los tres años y en Finlandia el porcentaje es menor todavía, y son países con un mejor rendimiento académico que el nuestro.

Pero para disfrutar de estos estándares que predominan en otros países hace falta pagar más impuestos, y que las empresas cambien de actitud.
Bueno, en esos países también han tenido que tomar decisiones, a mí me han dicho que ya tenemos brotes verdes. Habría que empezar a pensar en qué nos gastamos el dinero.

Una pareja joven trabajadora y sin familia cerca del hogar no tiene otra opción que dejar a su hijo en la guardería. ¿Está malcriando a su hijo?
No hay una sola manera de criar bien a un hijo ni hay una sola manera de criarlo mal.

A mí lo que me molesta es que haya gente por un lado que tiene buenas ideas a la que engañan y le hacen creer otra cosa: “yo lo cogería en brazos, pero no lo hago porque dicen que se malcría” o “yo lo metería en la cama con nosotros cuando llora pero no lo hago porque me han dicho que tendrá problemas de sueño toda su vida”. Personas que se están sacrificando haciendo cosas que en el fondo les molestan y no son naturales, que no les gustan pero lo hacen por seguir las normas que fijan otras personas.

Y, por otra parte, hay quienes toman decisiones que es posible que a lo largo de un tiempo se arrepientan porque no tienen todos los datos en la ecuación para poderse decidir. Si te dicen: “trabajar los dos es imprescindible” y por otro lado, “el niño en la guardería está de maravilla”. Aquí no hay problema. Pero si te explicasen que en la mayoría de los países occidentales el máximo de los bebés por cuidador en una guardería es de cuatro legalmente, en otros de tres y en España es de ocho… igual la conclusión a la que llegarían los padres sería diferente.

Se trata de reflexionar sobre cuánto dinero te puedes gastar en coche, cuánto en unas vacaciones, cuánto en comprar un apartamento en la playa y cuánto en criar a tu hijo.

Es una cuestión de prioridades, entonces.
Exacto. Los padres tienen que tomar la decisión con libertad y yo lo que hago es darles toda la información necesaria para ayudarles a que la tomen.

Estoy convencido de que no hacen falta libros para criar a un hijo y no quiero que los hijos tengan manual de instrucciones. Es necesario más cariño y menos instrucciones para criar a un niño. Para aprender es mejor hablar y estar con un grupo de madres con sus hijos que leerse un libro en casa.

El instinto también es importante, ¿hay que dejarse llevar por él?
Es importante y en algunas cosas sí hay que dejarse llevar y en otras no. Nuestro instinto nos dice que cuidemos a nuestros hijos y es positivo, pero también nos dice que cuando alguien nos molesta hay que pegarle un bofetón y no lo hacemos.

Y en el caso de los niños, ¿el instinto hay que seguirlo o no?
La mayoría de las veces sí porque el instinto ha ayudado durante millones de años a los padres a cuidar a sus hijos, de lo contrario no estaríamos aquí.

Entonces, guarderías ¿sí o no?
Debería ser sólo cuando no hubiera más remedio. Sería conveniente cambiar nuestro sistema socio-económico para que en la mayoría de los casos no fuera imprescindible llevar al niño a la guardería, y para aquellos casos en los que sí fuera imprescindible habría que hacer mejores guarderías.

El consuelo es que en la guardería se socializan, ¿no?
La socialización no necesita para nada guarderías porque de entrada los niños pequeños no se socializan. Es a partir de los tres años aproximadamente cuando empiezan a jugar unos con otros. Y eso lo pueden hacer en otros sitios. Muchas veces pensamos que los niños cambian porque les educamos y en algunos aspectos es así, sin duda, pero la mayoría de los cambios que experimentan los niños se deben a que crecen. A los dos años dicen unas cosas, a los cinco otras y a los doce otras.

Abuelos. ¿sí o no?
Los abuelos son lo mejor que hay después de los padres. Es muy positivo que los abuelos participen mucho en la vida del niño. Puestos a separarse durante siete horas de la madre, seguro que para un niño de dos años es mejor estar con los abuelos que estar hasta siete horas en la guardería.
Ahora, tampoco recomiendo que estén siete horas con los abuelos porque lo que el niño realmente necesita es estar con sus padres, sobre todo con la madre. Los padres enseguida aprendemos que esa pregunta de a quién quieres más a tu mamá o tu papá sobra.

Entonces, ¿dónde queda en la crianza del niño la figura del padre?
Todos los niños necesitan tener un vínculo afectivo con una persona concreta, según la teoría se le llama “figura primaria”, y en la práctica se le llama mamá. Puede no ser la madre y un niño puede establecer su vínculo primario con la abuela, el padre… Lo que es seguro es que hay solo uno primario, el resto son secundarios.

El padre, si se esfuerza un poco, puede disfrutar de los primeros puestos entre los secundarios, pero se tiene que esforzar. No puedes pretender que tu hijo te quiera mucho porque es su papel de hijo. Si el padre quiere tener un papel activo tendrá que dedicarle tiempo al niño. Pero como todo en esta vida, cuantas más horas le dediques, mejor saldrá. Son necesarias las dos cosas, pasar con el niño mucho tiempo y que ese tiempo sea de calidad. Luego ya, con el tiempo, los niños van necesitando más del padre.

Se habla mucho del tiempo de calidad, “poco tiempo con los niños pero de calidad”
Los niños están enamorados de sus madres y hay que saber que una separación con la madre durante tantas horas tiene como consecuencias que el niño se enfade, que pegue un manotazo…

¿Entonces con los bebés hay que tener tolerancia total?
No, tolerancia en todas las cosas que se pueden tolerar.

¿Cuáles no se pueden tolerar?
Cada cual tiene que tomar sus decisiones, seguro que si ves a tu hijo tirando macetas por el balcón o abriendo la llave del gas se lo vas a impedir. Pero si el bebé llora y reclama atención las 24 horas del día, no es que haya que tolerarlo, es que eso es tener un bebé normal.

Y qué hay de la necesidad de tener tiempo para los padres?
No es excluyente, por qué no estar con tu hijo. Cuando te casas todos están de acuerdo en que tu vida de soltero se acabó, no sé por qué nadie te dice cuando tienes un hijo que hay que hacer una despedida de pareja en el último mes de embarazo.

¿Estas opiniones que defiende están extendidas en la comunidad científica es un poco outsider?
Me da la impresión de que empecé como outsider, pero cada vez lo soy menos.

El sueño es uno de los quebraderos de cabeza de los padres con los bebés. ¿Algún consejo?
Creo que antes los padres lo daban por sentado, ya sabían que tener un hijo significaba pasar la noche en vela y a nadie se le ocurría que ese era un problema médico que había que consultarle al pediatra. En todo caso igual le pedían al médico de adultos vitaminas para soportar esas noches.
Pero, claro, se han creado unas expectativas… a los padres les han dicho por una parte que los niños tienen que dormir solos y por la noche del tirón. Mis padres, por ejemplo, no sabían eso. Yo he dormido con mis padres hasta los seis años, por tanto ellos no sabían que había que dormir solos y como no había otra habitación en la casa…
Por otra parte, se ha creado un temor, se les dice a los padres que “si el niño no hace esto de esta manera va a tener problemas cuando sea mayor, no va a salir nunca de la cama de los padres…” y todos se preocupan. Pero no es cierto que los bebés tengan que dormir solos -porque se ve clarísimo que les gusta dormir en compañía- . Cómo se puede hacer más caso a lo que lees en un libro que lo que ves cada día con tus propios ojos. Es el instinto reforzado por la observación.

Me escriben madres que me dicen “cuando le dejo al niño en la cuna llora y sólo se calma cuando le cojo en brazos”. Ya ha encontrado la solución. Nadie se quejaría ni se sorprendería si le recomendara unas pastillas homeopáticas para que se calmara o le hiciera un masaje… entonces ¿por qué causa tanto problema aceptar que el bebé se calma con el pecho y cuando se le coge?. Siempre da la impresión de que es una desgracia, nadie dice: qué maravilla, cada vez que mi hijo se despierta me lo meto en la cama y se vuelve a dormir enseguida. Es una solución fácil, barata.

Pero requiere esfuerzo
No, no. Lo que precisa esfuerzo es lo otro. Si yo recomendara que cada vez que el niño se despierte es necesario que los padres se levanten y le den un masaje … eso sí es esfuerzo.

¿Cuál es el sueño normal de un bebé?
No hay pautas. Si un bebé se despierta muchas veces por la noche el problema lo tienes tú que te tienes que levantar a la mañana para ir a trabajar porque luego el bebé sigue durmiendo. Todos los bebés acaban durmiendo las horas que necesitan y si no lo hacen por la noche lo harán durante el día.

¿Sus hijos le han dejado dormir bien?
Bueno, han hecho lo que han podido. Cuando tienes hijos no duermes igual, aunque eso no signifique que duermas peor. Recuerdo una época en la que me despertaba para estar de noche con mis hijos pero no lo recuerdo como un momento de desesperación. Eso es como cuando te vas de marcha por la noche, la pregunta es: ¿qué bien o qué mal lo he pasado?
El problema es que si estás una semana seguida de marcha y hay que trabajar se puede llegar a la conclusión de no querer salir de marcha.
O no querer trabajar. Está claro que no se duerme con la misma intensidad, pero tener hijos es esto: dedicarles tiempo, estar con ellos, consolarles cuando lloran, contestar a sus interminables preguntas…

Son muchos los que dicen que los niños se guían por rutinas, ¿es así?
No creo que las rutinas sean necesarias y convenientes para el desarrollo de un niño y habría que ver si tu vida es más fácil con rutinas. Estoy convencido de que no son necesarias las rutinas porque los niños se adaptan a muchas cosas distintas, igual que los adultos. Por eso creo que si en algo tenemos que ayudar a nuestros hijos en su educación es a no tener rutinas. Yo quiero tener un hijo adaptable no un hijo que tenga rutinas.

5 MeSeS De BiAnQuiS♥

COMO TE AMO HIJITA!!!
No se puede explicar con palabras...ninguna alcanza para describir lo que significas para mi, lo bien que me haces, lo completa que me siento teniendote...

La LLeGaDa De Un HeRmAnO...


¿Qué hay que saber? Mitos y realidades:

*Hay que preparar al hermano/a mayor (Verdadero)
En realidad, más que prepararlo, hay que compartir con él la situación de forma natural, respetarlo y ayudarle a encajar el cambio.
El hijo mayor se va a dar cuenta en seguida de que se avecina un cambio: lo va a deducir rápidamente a través de nuestras conversaciones, nuestra energía, nuestras palabras y nuestras acciones (además de por la barriga que crece). Va a saber que “algo pasa” casi desde el primer momento. Y casi desde el primer momento es conveniente decirle la verdad de lo que hay.
La idea es compartir en familia todo el proceso, pero sin forzar conversaciones (cosa muy habitual) ni tampoco evitarlas.
Compartir el embarazo con el hijo mayor significa ser conscientes de que su vivencia de la situación no es para nada igual a la nuestra: en primer lugar, porque un niño pequeño dificilmente podrá imaginar lo que es un bebé, a menos que tenga algo más de cinco o seis años.
Por eso, es importante comprender que no podemos exigirle a nuestro primer hijo que sienta lo que nosotros queremos (alegría, ilusión, curiosidad, entusiasmo) respecto a un posible embarazo: normalmente esta exigencia es fruto de nuestros miedos y de nuestra necesidad de saber que el hermano mayor no va a sufrir con la llegada del pequeño.



*Reviviremos la experiencia de nuestra primera paternidad (Falso).
Nada, ni el embarazo, ni la concepción, ni los primeros meses ni lo que viene después, va a ser igual con el segundo que con el primero.
Esto quiere decir que los padres, ante la perspectiva de un segundo hijo, deberíamos ser conscientes de que la vivencia no va a ser la misma y que tenemos que estar preparados para volver a movilizar todos nuestros recursos ante el cambio que se nos avecina.
Por ejemplo, nos va a resultar muy difícil, cuando no imposible, vivir el puerperio (postparto) con la plenitud que lo vivimos con nuestro primer hijo: la razón es que con otro niño en casa (y en nuestro corazón) difícilmente podremos abandonarnos al universo del bebé y olvidarnos del resto del mundo. Esta vez, tenemos que dejar una lucecita encendida. Si esperamos vivir el postparto de la misma forma en que lo hicimos con nuestro primer hijo (intimidad, plenitud, tiempo infinito para conocernos, etc..) seguramente nos frustraremos. Si nuestro primer hijo nos enseñó a “desconectarnos” del mundo para centrarnos en la experiencia de nacer como madres… la llegada de nuestro segundo hijo nos enseñará el arte de convivir con varios deseos y necesidades a la vez .
Si afrontamos la nueva paternidad sin demasiadas expectativas (cosa difícil, porque venimos de una experiencia muy similar que nos invita a pensar que todo va a ser igual) y adoptamos una actitud flexible, será mucho más fácil afrontar y superar con éxito esta segunda e intensa experiencia.

*Nosotros ya estamos organizados y todo será más fácil (Verdadero).
Es cierto, en los aspectos prácticos, la cosa ya está vivida y eso facilita muchísimo las cosas. Sabemos por experiencia que para criar a un bebé se necesitan menos de la mitad de las cosas que compramos en el primer embarazo (y que ya hemos regalado a amigas primerizas), y las que se quedaron en casa (una cuna estupenda, la mochila portabebés, un montón de bodys de algodón, , las mantitas de lana que hizo la abuela y una pila de juguetes geniales..) están listas para ser reutilizadas.
Sabemos cómo manejarnos con la ayuda externa (la deseada y la no deseada), nos hemos pateado todos los parques y zonas infantiles del barrio, y tenemos un imán en la heladera con el teléfono de las urgencias (y un pediatra estupendo).
Sin duda, mucha de esa energía que dedicamos a “convertirnos” en padres tras el nacimiento de nuestro primer hijo, ya no tendremos que gastarla porque el camino, en ese sentido, ya está hecho.

*El hemanito mayor tendrá celos del pequeño (Verdadero).
Muchos y muy variados son los sentimientos que afloran con la llegada del segundo hijo. A menudo, son sentimientos duros, que nos confunden y dificultan nuestras relaciones familiares: culpa, sensación de abandono, decepción, rechazo, rabia, tristeza o celos.. son algunos de ellos. El hecho de que los sentimientos negativos hagan su aparición en nuestras relaciones, no significa que las cosas no vayan por su camino. En el caso de los hermanos mayores, los celos pueden estar llenos de pequeños matices que merece la pena descubrir y atender: necesidad de seguir siendo pequeño, miedo de no ser querido, rabia por tener que compartir a los abuelos, agobio por verse demasiado exigido, etc.. Si nos quedamos sólo con la palabra “celos” y no hacemos el esfuerzo de ver lo que hay más allá, puede que dejemos en el tintero las razones más profundas del malestar de nuestro hijo mayor.
Cuando aumenta la familia, todos, grandes y pequeños, tenemos que reubicarnos en la nueva situación y asumir (no sin dolor) que algunas cosas no volverán a ser como antes. Esto es una realidad y atravesarla es necesario para poder acceder a una nueva dinámica familiar. Por eso, los celos, tengan la forma que tengan, no son más que partes del camino que vamos a recorrer juntos.

Autora: Violeta Alcocer, Psicóloga

MeNsAjE De Un HiJo ...

Para pensar...verdad???

Separaciones tempranas...

La necesidad básica primordial de todo niño humano, es el contacto corporal y emocional permanente con otro ser humano. No es más complicado que “eso”. Sin embargo, algo que debería ser sencillo y espontáneo, lo hemos convertido en un problema. Casi todos apuntamos a que el niño pequeño “no nos moleste”. Es extraño. Ninguna otra especie de mamíferos pretendería algo tan insólito de su propia cría. Pero para los humanos es común determinar que lo mejor es “dejarlo llorar”, “que no se mal acostumbre” o “que no se vuelva caprichoso”. Y nos resulta totalmente habitual que el cuerpo del niño esté separado:Solo en su cuna. Solo en su cochecito. Solo en su sillita.
 Apenas nace, suponemos que debería dormir solo. Crece un poco, y ya opinamos que es grande para pedir brazos o mimos. Y si crece un poco más, es grande para quedarse en casa. Luego es grande para llorar. Después es grande para no quedarse en una fiesta de cumpleaños. Y por supuesto, siempre es grande para hacerse pis, o para tener miedo de los mosquitos o para no querer ir a la escuela. Si todo lo que necesitaba desde el momento de su nacimiento fue contacto y no lo obtuvo, sabe que su destino es quedarse solo. La necesidad de contacto no desaparece al no obtenerla, entonces su mejor opción será cambiar el modelo de llamada hacia un sistema más “escuchable” para el adulto y posiblemente más molesto. Generalmente el niño enferma. Casi todos los niños están enfermos de soledad. Pero los adultos no reconocemos en la enfermedad del niño, la necesidad desplazada de contacto y presencia.
Ahora bien, si cada uno de nosotros tuviésemos la valentía de recordar y sentir el dolor sufrido a causa de los métodos de crianza y educación que hemos padecido, y si pudiésemos ponernos las manos sobre el corazón y recordar las vejaciones, humillaciones y desamparos que hemos sufrido siendo niños, comprenderemos que todo esto se trata de una revancha. Descargamos la impaciencia, la incomprensión, la desdicha y el odio del que fuimos víctimas. Ahora pretendemos salvarnos y no tocar al niño, porque tocar nos duele. Nos duele el cuerpo rígido por falta de amor, nos duele la moral, nos duele el alma. ¿Estamos dispuestos a hacer algo por las futuras generaciones? Entonces resolvamos nuestro dolor infantil y pongamos nuestro cuerpo a disposición de quienes son niños hoy.

Laura Gutman

Nunca es Tarde...


Cuantas veces las madres nos arrepentimos de cómo hemos actuado con nuestros hijos ¿ verdad ?  a mi me ocurre seguido...

Sin embargo... que valioso es saber darse cuenta,  pedir perdón, y volver a empezar. Que suerte que nuestros hijos siempre nos perdonan! 
En referencia a esto, comparto este texto de Laura Gutman, tan acertada como siempre:



Nunca es tarde


Un día cualquiera aparece un maestro, un libro, un amigo o un pensamiento que cambia el curso de nuestras arraigadas creencias. Dentro de ese viraje personal, lo que hemos hecho con nuestros hijos ya no nos gusta. Hoy no haríamos lo mismo. Nosotros hemos cambiado. Pero lo que no podemos cambiar es el pasado.

Pues bien, llegó el momento de reconocer que ya no nos cabe en nuestro ser interior una modalidad antigua, basada en el prejuicio o el miedo. Tal vez hemos sido demasiado exigentes con nuestros niños, creyendo que hacíamos lo correcto pero alejados de nuestros sentimientos amorosos. Quizás los hemos maltratado sutilmente. Les hemos mentido y hoy son poco confiados. Hemos menospreciado sus sentimientos. Hemos exigido obediencia y nos han respondido con rebeldía. Hemos hecho oídos sordos a sus reclamos y ahora ellos no nos escuchan a nosotros.

Han pasado los años y querríamos rebobinar la vida como una película para hacer las cosas de otro modo. Pues bien, hay algo que sí es posible hacer hoy: darnos cuenta. Luego, hablar sobre ello con nuestros hijos. Incluso si tienen dos años. O cinco. O catorce. O veintiséis. O cuarenta. O sesenta años. Poco importa. Nunca es tarde. Siempre es el momento adecuado cuando humildemente generamos un acercamiento afectivo para hablar de algún descubrimiento personal, de un anhelo, de un deseo o de nuevas intensiones. Para un niño pequeño es alentador escuchar a su madre o a su padre pedirle disculpas, comprometiéndose a ofrecer mayor cuidado y atención. Para un adolescente, es una extraordinaria oportunidad, hablar con alguno de sus padres en una intimidad respetuosa nunca antes establecida entre ellos. Para un hijo o hija adultos, es una puerta abierta para formularse preguntas personales. Para un hijo maduro, es tiempo de confort y de profunda comprensión de los ciclos vitales.

Cualquier instante puede ser la ocasión perfecta para compartir el cambio que uno ha decidido asumir. No hay lección más virtuosa que compartir con los hijos el “darse cuenta” y la intención, la firme intención de devenir cada día mejores personas. Definitivamente, para un hijo es extraordinario encontrarse con la sencilla y blanda humanidad de los padres que buscan su destino, cada día.


Laura Gutman

EsTaR EmBaRaZaDA♥


Estar embarazada es estar habitada, es prestarle el cuerpo a otro que es una pero es otro, es entregarse a ese crecimiento en un tiempo acotado pero también eterno porque sus huellas lo transforman para siempre.

Estar embarazada es dejarse atravesar por el misterio inalcanzable de la vida, es inundarse de irracionalidad salvaje, como la vida misma que afirmándose en vos te premia haciéndote formar parte del vértigo de la naturaleza.

Estar embarazada es formar parte del origen de todo porque esas células representan y son todo para una que es una con el todo.

Estar embarazada es vivir a flor de piel, es sentir más y más y más, hasta el fondo.

Es dejarse llevar, es perder el control, es vivir en una cápsula de amor, es saberse casa, cueva, escondite.

Estar embarazada es recibir, alojar, festejar cada milimetro del cuerpo que se estira sin parar hasta que no da más.

Es perderse, encontrarse y volverse a perder en una misma mil veces y siempre más de lo que hubiese imaginado.

Es ser absolutamente privilegiada. Es ir por el mundo respirando creación.

Es sentir una luz adentro permanentemente prendida.

Es que se haga realidad el juego de cuando era chiquita y lo que más quería era ser mamá y que mi bebote de plástico saliera de adentro mio, respirara, usara chupete, fuera suavecito y con pelito de verdad.

Es un estado de vulnerabilidad indescriptible para el que no alcanzan las palabras.




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